El Tiempo.

Odio la frase "el tiempo lo cura todo". El tiempo no cura un carajo.
Te enseñará un poco a vivir con lo que tengas. Pero no cura todo. Hay cosas que ni con un abismo de años se curan. Solo alimenta tu capacidad de resignarte de aceptarte, de seguir para adelante.
Hacer odios sordos es no querer afrontar la situación, es tener miedo a tomar decisiones.
Cuando decimos "necesito tiempo" en realidad queremos decir "ahora no se me antoja pensarlo"
El tiempo, se estira, se alarga, se acorta y pasa volando.
Justo lo que le pasa a mi ánimo. De repente se estira, crece "es lo mejor, ya va a pasar, en el fondo así estás barbaro o como el orto"... y entonces el tiempo pasa volando, se hace misterioso, vuela. Pero, de repente, una frase, una imagen, un sonido, un olor... algo me trae un recuerdo a la cabeza. Y el tiempo se hace mas chico "se acabó, lo perdiste, hacete a la idea cuanto antes, estás sola...". Y cada segundo se convierte en un siglo, cada minuto es un enorme vacío que no sabes con qué llenar
El tiempo. Mi alma me pide tiempo. Pero no me conozco... no sé si evito decirme la decisión que tomé... o si quiero aprender a vivir resignada.
Hubo un tiempo en el que cambié mi vida,
Hubo un tiempo...
Tiempo.
Tiempo.
Tiempo...

Todo donde estaba.-

Sí, yo pienso. Las fichas. El juego. La estrategia. Los limites. La diversión. La victoria.
Pero llega la confusión, un ser extraño y patético. Expone su caso. Habla. No para de hablar. Comienza poco a poco a desdibujarlo todo. Lo pone en otro sitio.
Levanta las cajas de allá, las pone por ahí. Y las otras las corre por acá. Y se va, deja la habitación. Ahora esta todo apilado a su antojo.
Yo vuelvo. Yo no entiendo dónde está todo ahora. No encuentro nada y, cuando estoy por correr la pila de allá, todo se cae encima mío. Me asusto. La respiración se me corta. Cierro lentamente mis ojos. Ahora me concentro, veo todo blanco, me tranquilizo. Respiro profundo, el aire ingresa por mi garganta. Pasa por todo mi cuerpo. Lo dejo ir. Corro lentamente todo lo que me recubre. Tomo fuerzas y vuelvo a pararme. Intentando con mucho cuidado no pisar nada.
Hago una mirada global. No llego a entender todo lo que hay ahora desparramado por el suelo, en una habitación donde antes sabia que había en cada sitio de memoria. Veo el desastre que hay ahora. Debo pensar en como seguir. Decido intentar volver a poner todo donde estaba. Fingiendo que nada pasó. Todo volverá al sitio donde creo que pertenece.
Esto estaba por acá. Lo de más allá, a un costado. Estoy por terminar. En un segundo todo volverá a ser como era. Todo donde estaba.
Solo me queda por volver a ubicar lo de acá que no se muy bien que es, pero decido esconderlo, acumularlo por algún lado para que no me moleste al pasar. Intento levantarlo, para correr como corrí todo lo demás. Pero no pedo hacerlo. Una fuerza extraña me lo prohíbe.
Decido abrir esa caja, salís vos. Ahora estamos los dos respirando este mismo aire de esta misma habitación. Todo vuelve a caerse. Nada está dónde estaba.

Aún.

Aún sigue aquí una parte pequeña de mi amor por ti. Atrapada entre el recuerdo y la esperanza. Aún hay una parte de mi que te extraña. Que te añora. Que te espera cada minuto de cada hora. Que a escondidas te llora. Que te recuerda y cada noche te imagina abrazado a mi porque aún no se si irme a soñar sin ti.
Cuantas palabras podemos usar. Cuantas palabras te he dicho ya. Cuantas palabras para expresar algo tan sencillo. Para decirme a mi misma lo que nunca más te diré, lo que no escucharé. Que a pesar del tiempo y del dolor, de lo ocurrido y de lo que no ocurrió, aún te quiero.... y te extraño mucho.


Cuanto tarda a veces en pasar el tiempo...


Agradecimiento: La coctelera.